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Ensayo sobre la Vivienda Social: HABITABILIDAD

30 abril, 2017

Pungarabato10 (2)

Desde la perspectiva y la convicción de que el modelo de vivienda, sobre todo el de “Ciudad Dormitorio” derivó en un fracaso ingente, consideramos, muy resumidamente que la vivienda se debe pensar integrada a la Ciudad. Es allí donde se compensa la calidad de vida que una vivienda aislada o periférica no puede ofrecer socialmente.

Nuestra tarea es encontrar mejoramiento de espacios públicos y privados, y de la calidad de vida de la población en su conjunto, con todo lo que esto significa, acaso resumido en el término Habitabilidad.

De acuerdo a la definición de la Real Academia de la Lengua, habitabilidad es la “cualidad de habitable, y en particular la que, con arreglo a determinadas normas legales, tiene un local o una vivienda” El término Habitar deriva del latín habitare que significa “ocupar un lugar”, “vivir en él”. Según Martin Heidegger, somos en la medida en que habitamos, ser hombre (y ser mujer) significa: estar en la tierra como mortal, significa: habitar. La apropiación del lugar significa construirlo: habitarlo, en conformidad a la dignidad de las personas.

En un contexto en el que las condiciones de habitabilidad son sumamente deficientes y cuestionables (léase calidad de vida), es urgente establecer un camino a seguir con metas reales, digamos, la producción de cierto “plan” efectivo que permita acercarnos a una mayor habitabilidad del gran asentamiento humano llamado ciudad. En nuestro caso optamos por un ejercicio profundo de “re pensamiento de la arquitectura” desde la vivienda social en México, en un momento protagonizado –por cierto- por un hombre súper moderno que no reflexiona, sino que “calcula”.

Se puede pensar que la ciudad es una gran obra producida por el hombre, pero en el caso de la Ciudad de México, por ejemplo, más del 60% de la mancha urbana tuvo su origen en invasiones y en crecimiento informal. La vivienda se convirtió en una excusa para generar riqueza de desarrolladoras inmobiliarias, pero la calidad de vida quedó relegada a un segundo término. Conjuntos habitacionales de interés social gigantescos que degeneraron en focos de inseguridad y violencia, trastocaron la manera de vivir de las familias, en muchos casos desintegrándolas. La explosión de la mancha urbana, en lo que toca al transporte por citar solo un atributo urbano, llegó a un grado tal que el automóvil ya no nos acerca sino nos aleja.

En un contexto tal, si sostuviéramos que la habitabilidad es la esencia de la arquitectura, hoy por hoy debería asirse desde lo interdisciplinario: urbanismo, diseño industrial, ingeniería, sociología, filosofía, biología, o ciencia política. En este sentido, la relevancia que juegan las universidades y la enseñanza de la arquitectura es fundamental para avanzar, quizás en paralelo desde el servicio social, por un camino que se antoja más bien largo.

En nuestro ejercicio dentro de la iniciativa Del Territorio al Habitante, el punto de partida se localiza en la reiterativa reflexión sostenida sobre lo que el ser humano requiere para vivir con decoro. Además de otras variables como salud y educación, desde la perspectiva de los diversos modelos de vivienda que se han implementado en nuestro País, consideramos que la concepción de cualquier prototipo de vivienda no puede reducirse a un objeto construible a bajo costo e ignorar su obligada relación con la ciudad y su entorno, aunque se trate de un caso lejano o rural, inclusive. En ese sentido el concepto de espacio mínimo rebaza lo antropométrico y trasciende hacia el análisis sobre las formas de vida, en las distintas etapas del desarrollo humano de las personas. La importancia de trabajar en proyectos de Vivienda Social en México, está en la comprensión de las diversas formas de vida de las personas. ¿Cuantos metros cuadrados se necesitarían para alojar a una pareja, y/o familia de 3, 4, 5 o más integrantes? Es una pregunta con muchas variables ciertamente, de tal suerte que la respuesta contempla una variedad importante de escenarios representados en posibles crecimientos denominados “progresividad”, y acotados al contexto geográfico que nos ocupó en este ejercicio. Sabemos que las viviendas deben cambiar en función de los crecimientos o las transformaciones de la familia, o de sus habitantes, a saber.

Un módulo espacial en planta de 3 x 3 mts. (el cuadrado es más económico que el rectángulo en metros lineales de muro) respondería a las dimensiones del mobiliario básico (cama, litera, mesa, silla, sillón) en diversos acomodos que se ocuparían cotidianamente en cuanto a superficie de una habitación, pero nuestra idea respondería además a necesidades específicas de metros cúbicos en cuanto a cierta “cualidad espacial” que obedece a su vez –en altura- al clima caluroso del municipio de Pungarabato en el Estado de Guerrero. Es decir, además de la sociología, la vivienda social necesitará adecuarse a su medio físico natural obligadamente.

De las funciones dormir, cocinar-comer, asearse, y/o estar, reparamos en este último, “estar”: ¿a qué alude? En cuanto al espacio habitable denominado “estancia” alude a una serie de actividades en solitario, o en convivencia (de allí la importancia de abrirse hacia el comedor – cocina), como ver la televisión, leer, descansar y/o, acaso, trabajar; vida en pareja o en familia, con la amplitud y la complejidad que estos términos representan hoy en día. En un clima caluroso de México, estirando nuestro ejemplo, “estar” implica en la sombra, y ahí cobra sentido la presencia recurrente del “tejaban”, como un elemento tipológico que prefiguraría la forma de vida de la sociedad local. Dicho tejaban representa por igual cierta posibilidad – para nosotros muy importante- de que cada familia se apropie y personalice su casa de acuerdo a sus necesidades particulares; la forma de vida representa en la actividad “estar” cierta dualidad en tanto “estar afuera” y “estar adentro”. Esta dualidad explicaría cabalmente la esencia de nuestras subsiguientes decisiones de diseño, que subraya los espacios de estar –cerrados semi-cerrados y abiertos- a partir de los metros cúbicos que compensan con escala la superficie construida de nuestro prototipo.

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