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Ensayo sobre la Vivienda Social: HABITABILIDAD

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Desde la perspectiva y la convicción de que el modelo de vivienda, sobre todo el de “Ciudad Dormitorio” derivó en un fracaso ingente, consideramos, muy resumidamente que la vivienda se debe pensar integrada a la Ciudad. Es allí donde se compensa la calidad de vida que una vivienda aislada o periférica no puede ofrecer socialmente.

Nuestra tarea es encontrar mejoramiento de espacios públicos y privados, y de la calidad de vida de la población en su conjunto, con todo lo que esto significa, acaso resumido en el término Habitabilidad.

De acuerdo a la definición de la Real Academia de la Lengua, habitabilidad es la “cualidad de habitable, y en particular la que, con arreglo a determinadas normas legales, tiene un local o una vivienda” El término Habitar deriva del latín habitare que significa “ocupar un lugar”, “vivir en él”. Según Martin Heidegger, somos en la medida en que habitamos, ser hombre (y ser mujer) significa: estar en la tierra como mortal, significa: habitar. La apropiación del lugar significa construirlo: habitarlo, en conformidad a la dignidad de las personas.

En un contexto en el que las condiciones de habitabilidad son sumamente deficientes y cuestionables (léase calidad de vida), es urgente establecer un camino a seguir con metas reales, digamos, la producción de cierto “plan” efectivo que permita acercarnos a una mayor habitabilidad del gran asentamiento humano llamado ciudad. En nuestro caso optamos por un ejercicio profundo de “re pensamiento de la arquitectura” desde la vivienda social en México, en un momento protagonizado –por cierto- por un hombre súper moderno que no reflexiona, sino que “calcula”.

Se puede pensar que la ciudad es una gran obra producida por el hombre, pero en el caso de la Ciudad de México, por ejemplo, más del 60% de la mancha urbana tuvo su origen en invasiones y en crecimiento informal. La vivienda se convirtió en una excusa para generar riqueza de desarrolladoras inmobiliarias, pero la calidad de vida quedó relegada a un segundo término. Conjuntos habitacionales de interés social gigantescos que degeneraron en focos de inseguridad y violencia, trastocaron la manera de vivir de las familias, en muchos casos desintegrándolas. La explosión de la mancha urbana, en lo que toca al transporte por citar solo un atributo urbano, llegó a un grado tal que el automóvil ya no nos acerca sino nos aleja.

En un contexto tal, si sostuviéramos que la habitabilidad es la esencia de la arquitectura, hoy por hoy debería asirse desde lo interdisciplinario: urbanismo, diseño industrial, ingeniería, sociología, filosofía, biología, o ciencia política. En este sentido, la relevancia que juegan las universidades y la enseñanza de la arquitectura es fundamental para avanzar, quizás en paralelo desde el servicio social, por un camino que se antoja más bien largo.

En nuestro ejercicio dentro de la iniciativa Del Territorio al Habitante, el punto de partida se localiza en la reiterativa reflexión sostenida sobre lo que el ser humano requiere para vivir con decoro. Además de otras variables como salud y educación, desde la perspectiva de los diversos modelos de vivienda que se han implementado en nuestro País, consideramos que la concepción de cualquier prototipo de vivienda no puede reducirse a un objeto construible a bajo costo e ignorar su obligada relación con la ciudad y su entorno, aunque se trate de un caso lejano o rural, inclusive. En ese sentido el concepto de espacio mínimo rebaza lo antropométrico y trasciende hacia el análisis sobre las formas de vida, en las distintas etapas del desarrollo humano de las personas. La importancia de trabajar en proyectos de Vivienda Social en México, está en la comprensión de las diversas formas de vida de las personas. ¿Cuantos metros cuadrados se necesitarían para alojar a una pareja, y/o familia de 3, 4, 5 o más integrantes? Es una pregunta con muchas variables ciertamente, de tal suerte que la respuesta contempla una variedad importante de escenarios representados en posibles crecimientos denominados “progresividad”, y acotados al contexto geográfico que nos ocupó en este ejercicio. Sabemos que las viviendas deben cambiar en función de los crecimientos o las transformaciones de la familia, o de sus habitantes, a saber.

Un módulo espacial en planta de 3 x 3 mts. (el cuadrado es más económico que el rectángulo en metros lineales de muro) respondería a las dimensiones del mobiliario básico (cama, litera, mesa, silla, sillón) en diversos acomodos que se ocuparían cotidianamente en cuanto a superficie de una habitación, pero nuestra idea respondería además a necesidades específicas de metros cúbicos en cuanto a cierta “cualidad espacial” que obedece a su vez –en altura- al clima caluroso del municipio de Pungarabato en el Estado de Guerrero. Es decir, además de la sociología, la vivienda social necesitará adecuarse a su medio físico natural obligadamente.

De las funciones dormir, cocinar-comer, asearse, y/o estar, reparamos en este último, “estar”: ¿a qué alude? En cuanto al espacio habitable denominado “estancia” alude a una serie de actividades en solitario, o en convivencia (de allí la importancia de abrirse hacia el comedor – cocina), como ver la televisión, leer, descansar y/o, acaso, trabajar; vida en pareja o en familia, con la amplitud y la complejidad que estos términos representan hoy en día. En un clima caluroso de México, estirando nuestro ejemplo, “estar” implica en la sombra, y ahí cobra sentido la presencia recurrente del “tejaban”, como un elemento tipológico que prefiguraría la forma de vida de la sociedad local. Dicho tejaban representa por igual cierta posibilidad – para nosotros muy importante- de que cada familia se apropie y personalice su casa de acuerdo a sus necesidades particulares; la forma de vida representa en la actividad “estar” cierta dualidad en tanto “estar afuera” y “estar adentro”. Esta dualidad explicaría cabalmente la esencia de nuestras subsiguientes decisiones de diseño, que subraya los espacios de estar –cerrados semi-cerrados y abiertos- a partir de los metros cúbicos que compensan con escala la superficie construida de nuestro prototipo.

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Catedral del Sagrado Corazón de Jesús / Celaya, Guanajuato

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Memoria Descriptiva del Concurso

A partir de la creencia de que cualquier forma acompañada de una cruz se convierte en una iglesia, exploramos la catedral en tanto edificio (sagrado) como un objeto arquitectónico que pudiera prescindir de sus símbolos religiosos para identificarse con su función. La cruz atrial, el campanario o toda la iconografía evangelizadora propia de un templo, se decidirán al final del proceso creativo.

El secreto está en que mil personas, o solo una, sientan devoción y recogimiento en el mismo espacio”.

La planta de proporción perfectamente cuadrada, organiza a la Asamblea de forma radial, reforzando la convicción de que la Iglesia es para todos desde el momento que rodea al concelebrarte –quien preside con los fieles-. La Asamblea es comunión.

En ese sentido la morfología de este lugar propone dos escalas claramente diferenciadas: la humana y la divina.

El contendedor como objeto arquitectónico, en planta, se integra a partir de un cuadrado que se forma de otros cuadrados, soportados por una cruz portante en tanto estructura, y representación simbólica de “la flor de los cuatro pétalos” que significa la concepción del universo prehispánico. Hemos considerado particularmente nuestra historia durante todo el proceso de diseño. Nuestra propuesta busca transmitir con sutileza la enorme herencia de la primera evangelización en México.

De igual manera, la advocación de la nueva catedral al Sagrado Corazón de Jesús está presente en la totalidad de los elementos que integran al conjunto: la paleta de color predominantemente roja y blanca, la composición radial de la Asamblea y el pavimento a partir del altar que representa la irradiación de la luz del Sagrado Corazón, o la presencia de un baldaquino que prefigura la corona ardiente de espinas que lo caracteriza, son algunas referencias que identifican la citada advocación.

Las disposiciones de los elementos del Programa complementario del conjunto catedralicio integran dos espacios abiertos de gran protagonismo: Atrio y Memorial que se articulan por medio de corredores pergolados que promueven la actividad procesional de los diversos oficios que se llevarán a cabo allí.

Nuestra solución al programa de criptas generales que solicita el concurso (diez mil nichos funerarios), constituye una respuesta de la mayor relevancia de nuestro proyecto. Se trata de un Memorial que no necesariamente custodia las cenizas de los fieles difuntos, sino que exalta la sentencia de la vida cristiana: “polvo eres y en polvo te convertirás”. Por lo menos cuarenta mil urnas bio-degradables se depositarán en dicho espacio abierto, integrado por muros que recibirán la memoria de los difuntos con sus nombres, y abonarán al crecimiento de un bosque de olivos que representa el testigo de la vida.

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Oficinas GLOC – Metrópoli

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Con una superficie de 2,160 m2, además de 600 m2 en un nivel superior dentro del mismo edificio de oficinas, este proyecto se compone tanto de espacios de trabajo abiertos para el uso de empleados en áreas administrativas, comerciales y de operaciones, como lugares de descanso, esparcimiento y oficinas privadas emplazadas perimetralmente aprovechando las vistas privilegiadas de la Ciudad de México.

La invitación y la expectativa de nuestro cliente fue la de producir un gran espacio de trabajo sumamente eficiente, austero y económico de acuerdo a un programa de necesidades claro y muy específico. Así, nuestro proyecto y su ejecución se circunscribe dentro de un rigoroso límite presupuestal, acotado a un tiempo de entrega corto, en donde (3) estrategias básicas de diseño son un valor agregado de calidad derivado de dichas prerrogativas:

Un sistema constructivo diseñado a partir de un pórtico perimetral de madera de pino recubierto con MDF que funciona como estructura expuesta para soportar puertas del mismo material, cristales, plafón y muros divisorios de las oficinas construidos a base de paneles de tablaroca de yeso.

El diseño de iluminación, que juega un papel protagónico por igual, introduce un “plafón invisible”, que deja entrever a la estructura y a las instalaciones en un segundo plano virtual.

Y un diseño de pavimento “pre-cinético” a partir de tres colores en PVC sobre un firme de concreto ligero que contiene instalaciones, organiza y articula los recorridos y los amueblados de todas las salas centrales del proyecto.

El principal espacio de trabajo está coronado por un “conteiner” que alberga papelería y servicios, y que se convierte en el actor principal del conjunto, ya que materializa (o tematiza) la vocación particular de la empresa; un grupo logístico en el que la trasportación es la esencia y la vida diaria de sus integrantes.

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De Bibliotecas (o del papel al pixel)

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Resulta inevitable confrontar el concepto Biblioteca con el mega-popular y súper-cotidiano buscador Google, o con los servidores tipo nube y cosas así, o con un smart-phone si se quiere. Comento con mis alumnos recurrentemente esa especie de revelación que me supuso GoogleEarth, o más recientemente Uber. Esos avances de la tecnología –entre muchos otros seguramente– representan momentos puntuales en una línea del tiempo de la historia de la humanidad, cuya velocidad y aceleración producirán aún mayores revelaciones: the best is yet to come. Se dan por hecho en las apps por ejemplo. Cuando los actuales universitarios nacieron ya había computadoras, llevaban poco más de 10 años de existir en el mercado. Esto viene a cuento con una idea (de cierta ambición pedagógica) de asemejar el suceso de la creación de la primera imprenta moderna, por Gutenberg, circa 1440, con el lanzamiento de la primera computadora personal, la Macintosh 128k en 1984, para aterrizar en el concepto documento, que no libro, pero que coincide y aterriza en el archivo. Lo que representaron, tanto la imprenta moderna, como la computadora personal, son revoluciones y cambios de paradigmas en cuanto al conocimiento y la forma de vida de la humanidad.

Como arquitecto, la introducción de arriba, el cuerpo, la conclusión y toda esta entrada en términos de un blog, no será más que un intento de responder a la pregunta sobre el futuro de las bibliotecas y las bibliotecas del futuro. Memoria, archivo, acervo, o centro de conocimiento –de papel, electrónico, o digital– la biblioteca es un lugar, hoy por hoy tanto físico como virtual. En ese sentido, ¿de qué dependería la supervivencia de las bibliotecas reales? ¿de la fecha en que se erigieron? ¿de su monumentalidad? ¿de que sean visitadas por la gente? ¿de su acervo editorial? Una biblioteca no es sólo un archivo o una colección; se actualiza pero también custodia y preserva libros –documentos históricos–, la cultura y el patrimonio de una civilización. Tal vez, además de un lugar (en este caso edificio construido) donde se guardan libros.

La definición de biblioteca hoy en día contiene ciertos atributos sustanciales a su existencia: biblioteca es también un término cualitativo de cierto lugar tanto arquitectónico como urbano: tesoro, signo, icono, o lugar de encuentro. Se trata, en resumen, de una posibilidad, un derecho social de superación tanto personal como colectiva: conocimiento al alcance de la mano, a saber. En ese sentido, la biblioteca como espacio interactivo representa –de entrada– una confrontación personal frente al conocimiento, independientemente de su relativa condición pública o privada. Una primera conclusión: la biblioteca como espacio físico no es un lujo, se trata de una necesidad básica y fundamental de la sociedad en su conjunto (independientemente del momento histórico que vivimos); por eso, las configuraciones arquitectónicas de dicho espacio, independiente de su escala, han sido generalmente singulares. En resumen y en virtud de lo anterior, menciono algunos poquísimos ejemplos que me han interesado particularmente desde la perspectiva de su arquitectura y su programa:

La Biblioteca Nacional de Francia (Dominique Perrault, 1995) es un complejo de gran escala urbana configurado por cuatro torres (depósitos de libros) que aluden a una representación de libros abiertos que componen el espacio público –una enorme plaza– y el remanso que demanda la lectura al interior del espacio delimitado por una arquitectura impecable, volcada a un gran jardín botánico interior.

De una forma completamente distinta pero de atributos similares en cuanto a factura arquitectónica, la Biblioteca Vasconcelos de nuestra capital (Alberto Kalach, 2006) se presenta también como una especie de joya arquitectónica, acaso menos privilegiada en su contexto urbano. Se trata de una pieza monumental con un interior sumamente potente –y logrado– que es acervo, lugar de encuentro, y que integra salas de consulta y de lectura con vistas a jardines botánicos exteriores que son más bien accesorios del icónico interior. “Lo mejor es lo que ocurre en este gran recinto –me reiteraba el director de la biblioteca recientemente– un encuentro de toda la ciudadanía que viene a realizar aquí distintas actividades, allá hay gente haciendo coreografía, por ejemplo.”

Estos casos dan cuenta de que una biblioteca, como un museo, es una oportunidad urbana de enorme responsabilidad social. La Biblioteca España (Giancarlo Mazzanti, 2007) en Medellín, Colombia, es un caso famoso de dicho potencial en tanto tipología, en este caso como elemento de regeneración urbana atendiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad. Mención especial merecen las bibliotecas de Rogelio Salmona en Bogotá, particularmente el edificio del Fondo de Cultura Económica, inserto en el Barrio de La Candelaria dentro del centro histórico de la capital colombiana: un referente que conocí hace poco tiempo.

En tanto colección y espacio público, existe cierta similitud entre una biblioteca y un museo. La tipología del museo ha incorporado funciones propias de las bibliotecas, tales como el archivo, la lectura y la investigación. El Newseum (Polshek Partnership Architects, 2008) en Washington DC, es un caso excepcional en un contexto altamente privilegiado. Hasta aquí diría que las bibliotecas lejos de desaparecer habrán de seguir adaptando sus programas arquitectónicos para incorporar las nuevas formas de conocimiento.

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Sobre el nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México

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La espectacular presentación del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México del pasado 3 de septiembre desde la Residencia Oficial de Los Pinos produjo en lo colectivo no poco asombro con el proyecto de Norman Foster y Fernando Romero, muchas perspectivas y cierta “des-opinión” desde la inopia informativa, que pronto quedaría olvidada por la vorágine de textos, columnas, tuits, o blogs que a su vez construyeron con un mayor interés alguna opinión apuntalada quizás por otras opiniones y sabidurías ajenas.

El pasado 31 de marzo asistí a una conferencia en el Centro Asturiano de Polanco llamada Alternativa Sustentable para el nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México con el particular interés de conocer más sobre el polémico tema. Unas 200 personas quizás entre las que identifiqué a algunos -más bien pocos- colegas arquitectos. La presentación estuvo a cargo de un panel (de expertos) integrado por: Ing. José Luis Luege Tamargo –Ex Director de la Comisión Nacional del Agua-, Arq. Roberto Eibenschutz Hartman –Ex Secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda del Distrito Federal, Ing. Ulrich Hungsberg –experto en geohidrología- y el Ing. Miguel Ángel Vázquez Saavedra –Ex Director del organismo Cuenca Aguas del Valle de México-, todos ex funcionarios de posiciones clave relacionadas con el tema del lago Texcoco. Explicaron con vehemencia hundimientos, capacidad de desagüe, factores de tormentas, lagunas de regulación adicionales y una suma de motivos contundentes que presentaban a Texcoco como un error, y a Tizayuca como la alternativa conveniente –sustentable- para el nuevo aeropuerto. Estaban allí algunos representantes ejidatarios de San Salvador Atenco que reiteraban no saber nada de los planes para Texcoco…Si bien los ponentes fueron convincentes, intuí con escepticismo que habría que escuchar a los que apostarían por Texcoco para emplazar el urgente nuevo aeropuerto y tomar alguna posición más precisa (a pesar de reconocer altamente el proyecto Ciudad Futura de Alberto Kalach y Teodoro González de León, o de estar convencido de la necesidad imperante de la restauración hidráulica del Valle de México derivada del ADN lacustre de nuestra ciudad). Recomiendo el texto “Aleternativas para el Aeropuerto Interncional de la Ciudad de México” del Arq. Gustavo López Padilla en el blog “Navegando la Arquitectura” para no abundar en lo que pudo haber sido….

Saliendo de aquel evento, en un café encontré providencialmente a un amigo que después del saludo y un intercambio breve me hizo saber que ya había un concurso en marcha para el aeropuerto en Texcoco con equipos de duplas nacionales-internacionales…señales de humo ¿porqué secreto? ¿es demasiado ingenua la pregunta?. Después de un viaje relámpago a Portugal el pasado mayo (aquel histórico encuentro con Álvaro Siza…) lo primero que apareció en mi celular aterrizando en la Cd. De México fue una imagen del periódico Milenio con Norman Foster y Fernando Romero frente a su propuesta para el aeropuerto…como sería posible si no había noticia o fallo de un jurado…allí estaban a finales de abril en un salón del hotel Camino Real…Pensé en Álvaro Siza: “de haber sabido lo hubiera invitado…mmmm…no se, pero es que la democracia…¿madruguete mediático? Al poco tiempo se publicaron imágenes de la propuesta de Enrique Norten con SOM en otros periódicos; muy raro y desafortunado ver publicaciones antes de conocer la decisión del jurado del concurso…o ¿acaso estaría previsto así?…más inopia informativa.

Aunque la opacidad y el hermetismo sean estrategias recurrentes y “políticamente convenientes” –entre comillas- (y en este caso podría entenderse más aún), los concursos secretos por invitación para obras públicas siempre serán cuestionables y cuestionados sin importar la escala, ¿quien invita? ¿cómo? ¿quién decide? ¿porqué? ¿cuáles expertos?; pero de ello deberíamos convencernos tanto los arquitectos como quienes convocan, acaso acompañados por un Colegio de Arquitectos que en este caso ha sido cuestionado por su ausencia durante el aludido proceso.

En junio -ya conocidos los equipos participantes invitados- en un evento de Escuelas de Arquitectura de la Red de Universidades Anáhuac tuve la suerte de preguntar a Bernardo Gómez-Pimienta (quien hizo equipo con la gigantesca firma Gensler) sobre su participación. Con gran amabilidad y discreción me compartió su experiencia: algo sobre el plan maestro de la firma Arup, algo interesantísimo sobre los avances tecnológicos en cuanto a sistemas de seguridad, algo sobre la longitud de las fachadas de su proyecto que acataba la recomendación de Arup de emplazar dos terminales en vez de una, y gracias a su descripción pude vislumbrar la magnitud y la ambición del concurso…además de los impactos urbanos y económicos en cuanto a infraestructura o desarrollo inmobiliario que representa una maniobra de esta escala para cualquier ciudad, por supuesto.

No sería difícil creer que el proyecto de Norman Foster con Fernando Romero –ganadores de la competencia- haya sido el mejor (por definir “mejor”). Su propuesta con la terminal en forma de “X” –llevada hasta el refinado diseño gráfico del logotipo de su presentación- recuerda irremediablemente la estrategia que agotara Pedro Ramírez Vázquez en varios proyectos que nos representaron en el extranjero, pero con semejante producción y post-producción no deja de impresionar, aunque pueda quedar alguna duda sobre la planta; si bien algunas de las mayores fortalezas de la propuesta sean sus atributos sostenibles (¿en Texcoco?) y su proeza estructural, coincido con muchas opiniones en que las referencias simbólicas prehispánicas parecen forzadas y “a posteriori” (pensaría que eso ya era prueba superada, pero a saber políticamente…) en una propuesta que culmina en un escenario de bola de cristal previsto –en el formidable video publicado a los 4 vientos- para el año 2062. No recuerdo presentación de algún proyecto arquitectónico con tal boato y sofisticación, volviendo al pasado 3 de septiembre.

Por otra parte, amén de la gran inquietud y el vértigo que provoca imaginar cómo podrán (las constructoras, eludiendo por espacio los procesos de proyecto ejecutivo y de licitación de obra pública) cumplir con la expectativa de calidad de obra a la que nos tiene acostumbrados Lord Foster, correspondería externar una enhorabuena a los participantes y a los ganadores del concurso; ello no podría hacerse con plenitud sin conocer todas las propuestas participantes, todos los actores que intervinieron en el proceso –quienes integraron el jurado de expertos, por ejemplo- y todas las premisas con las que trabajaron. En ese tenor sería muy deseable, lo menos y acaso ya previsto, una exposición de todos los trabajos presentados a concurso que permitan a los futuros pasajeros conocer porque tendremos el mejor aeropuerto del mundo.

JVdM

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De los centros históricos

Colaboración para suplemento “Espacio Urbano” de El Financiero / septiembre 2014

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Esta reflexión no borda exclusivamente sobre el centro histórico del DF, mi ciudad, sino sobre todos los que conozco, o del concepto, si se prefiere, reconociendo que lo hago de forma subjetiva desde la total percepción. Por una parte, hoy por hoy reulta impensable un centro histórico sin periferia, es más, su definición se debe a la periferia misma como expansión territorial y cronológica que nació en un asentamiento que por ciertas cualidades alcanzó el grado o la dignidad de “centro histórico”; acaso el azar “histórico” de la escala, la factura o de la geografía haya destilado por igual el concepto –acaso artesanal- de “pueblo mágico”, a saber, también fascinante… Si recurrimos a la definición de arquitectura de Octavio Paz (que, aunque en proceso de desgaste es inagotable), “…testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…” veremos que aplica (sin problema) a los centros históricos porque cualquiera que sea, nos cuenta cómo era la vida cunado se hicieron sus edificios, sus calles y su configuración misma… Hay hechos históricos que naturales o no, modifican lo histórico de los centros. Siempre me ha fascinado escuchar a los arquitectos mayores hablar de sus tiempos de estudiantes en el Centro (histórico), en el edificio de la Academia de San Carlos, donde estaba la Escuela Nacional de Arquitectura, por ejemplo… La Construcción de la Ciudad Universitaria, totalmente periférica para la época, es un hecho que modificó como golpe de timón el desarrollo de la ciudad en su centro histórico, significó una especie de éxodo. Como arquitecto me interesa particularmente cómo se construía. Los centros históricos seducen a quienes nos gustan las “piedras viejas”, como se dice popularmente. Me sigue impresionando sobremanera que las catedrales –léase los edificios “antiguos”, “no tuvieran varillas”, también por ejemplo, de allí que las techumbres estén reconstruidas en su gran mayoría…pero ¿como es que se mantienen hasta ahora con esa categoría? ¿De donde su digna longevidad?, ¿es porque son de piedra y hechos a mano? Pero en ese caso, ¿en que se diferencian de los centros ceremoniales o simplemente arqueológicos? Otra cuestión que resulta imprescindible precisar es su ubicación no necesariamentente como centro magnético o geográfico. Por ejemplo Panamá tiene un centro histórico prácticmanete periférico, que es su “Casco Antiguo”, recientemente reconstruido y revalorado en sus atributos de bien turístico y bien raíz… A final de cuentas hablar de centros histórcios es hablar de herencia y por lo mismo de salvaguarda, ¿qué tanta historia o tiempo es necesario para que un lugar pueda considerarse un centro histócio? ¿Un downtown puede se un centro histórico? Por ejmplo Manhattan, o urbanizaciones del siglo XX tendrían vocación de convertirse en cemntros hostóricos?. Quizás resulte impensble; desde mi perspectiva, (contra lo que más desearíamos los arquitectos) la velocidad desatada desde la industrilización del siglo XX se antoja inversamente proporcional a la longevidad de la arquitecutra necesaria para integrar centros históricos (no necesariamente, por supuesto). Así caemos en la cuenta de la responsbildiad de su salvaguarda, para desarrollar otras habilidades, quizás de exaltación, reutilización e integración. El tiempo siempre mimetiza distintas épocas, a saber, y eso resulta esperanzador. Los centros históricos pueden evolucionar, por supuesto.

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Más con menos

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(T3Arc, fotografías de Luis Gordoa)

 

Hace unos días revisábamos con gran interés la entrevista a la arquitecta francesa Anne Lacaton por Anatxu Zabalbeascoa en el diario El País titulada “El fin de la arquitectura debería ser siempre mezclar a la gente”, en la que defiende un trabajo respetuoso con lo que existe para reinventar la ciudad.

Con este proemio, y a propósito de la responsabilidad de formar arquitectos o de la razón de ser de las escuelas de arquitectura, semestralmente se reitera la convicción de que un ciclo de conferencias es una herramienta muy efectiva para tal propósito. En este período iniciamos con Buro V, un despacho de arquitectura formado por el recientemente fallecido Arq. Javier Jiménez Trigos, buen arquitecto, docente y amigo al que recuerdo con gran aprecio, y el Arq. Francisco Luna. Se trató de una amena charla desde su práctica profesional como colectivo que viene a cuento mencionar en lo que toca al “abrirse paso” en un medio laboralmente complicado. “Está muy bien promover la cultura de los concursos, pero no se puede olvidar -y menos en las escuelas de arquitectura- la cultura del arquitecto emprendedor”, así lo comentamos -“off the record”- en relación al proyecto que promueven desde hace más de varios meses para una renovación del Mercado de la Colonia Escandón, en la Delegación Miguel Hidalgo. ¿Los arquitectos podemos y/o debemos promover proyectos públicos?. La pregunta cabe, y es muy pertinente tomando en cuenta el tamaño de la ciudad y su consecuente problemática, por decir lo menos, amén del aludido tema laboral, de la anhelada ley de proyecto público y de infinidad de asegunes…caso por caso, a saber…

Hace varios años invité a Luis Gordoa a participar en el citado ciclo de conferencias. Luis (fotógrafo de oficio y comunicólogo de formación) es uno de los fotógrafos más solicitados por muy destacados arquitectos de México desde hace varios años, y su trabajo por añadidura le ha entrenado en buena medida en la manera de ver y de vivir la arquitectura. Se disculpó, le noté incómodo con la idea y postergó la invitación argumentando que estaba emigrando “de la película a lo digital”. Comimos hace poco y entre otras cosas me platicó de unos jóvenes arquitectos de Cuernavaca. Insistí, y ahora Luis dio forma con su introducción, sus comentarios y sus fotografías a una maravillosa conferencia que tuvo lugar hace una semana exactamente, a cargo del Arquitecto Alfredo Cano (de T3Arc Taller de Arte y Arquitectura) y de Lilian Rebollo ( de APT Arquitectura Para Todos). Ambos arquitectos se formaron en Puebla pero decidieron trabajar en Cuernavaca, donde vivieron la mayor parte de su infancia y juventud. ¿porqué decidieron quedarse? A pesar de la crisis por la que atravesó Cuernavaca los últimos años, parece que los argumentos en cuanto a forma de vida y de trabajo no son nada despreciables. Saben que sacrifican glamour, escala y presupuesto en sus encargos, y justamente allí se localiza nuestro interés por su también delicado trabajo. En todas las obras que presentaron –no hubieron ni “renders” ni proyectos no construidos- las limitaciones juegan un papel protagónico. También la autocrítica en el caso de Alfredo, que insistía en que cada obra le anima a superarse en la que sigue, acaso por lo que pudo haber hecho o lo que no pudo lograr en la obra anterior. Casas extraordinarias como “La Semilla”, o la “casa Materka” para un concertista , un taller para artistas de Cuernavaca, recubierto de unos paneles de fibra que encontró en cierto tiradero de basura, o el hotel construido con tubos de drenaje en Tepoztlán dan cuenta del hábito de reutilizar y de hacer mucho con poco. En ese punto, invita a la escuela a fomentar la cultura emprendedora, coincidentemente.

Por su parte Lilian Rebollo (que colabora eventualmente en algunos proyectos con Alfredo Cano) presentó el proyecto que le ha dado mayor visibilidad: unas caballerizas en un bosque de la zona más alta de Cuernavaca, con un planteamiento muy afortunado que exalta el húmedo paisaje con techumbres de concreto aparente sobre columnas metálicas, muros recubiertos con la madera de la cimbra utilizada en el colado de dicha techumbre, y muros de piedra del lugar formando “tecorrales” que sirven de gradas del único picadero del conjunto. Un elogio al paisaje desde la mesura y el aprovechamiento correcto de los recursos limitados por la remota localización de la obra…para terminar con un departamento-habitación bellamente representado, que con la misma delicadeza que la obra anterior transformó unos cuartos de servicio desde la reutilización a la que alude Lacaton en la entrevista mencionada al inicio de estas líneas. Sirvan para agradecer encarecidamente…

JVdM

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(APT, fotografías de Luis Gordoa)

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